Como
todo apasionado de las estrellas, que vive en una gran urbe, disfruto intensamente
de los cielos oscuros cuando tengo la oportunidad de salir de la ciudad.
En mi caso, sé que una, dos o tres veces al año los cielos de
Rocha me esperan, más precisamente los cielos de la ciudad de La Paloma.
Veintidós años atrás fui por primera vez, y me
enamoré...
Desde entonces me pregunto, ¿cuál es la magia de esta ciudad
atlántica que me atrapa de esta manera?
Sin dudas las respuestas están en las arenas de sus playas y el océano
que las baña, en el faro y su trágica historia, en el rito de
los atardeceres más inolvidables, juntar caracoles, disfrutar de la
fauna marina, especialmente sus aves, y por supuesto, por las noches,... siempre
astronomía.
Pero este noviembre descubrí, después de tantos años,
algo más.
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Astronomía
desde La Paloma
Daniel Scarpa
Artículo publicado en la revista Red de Observadores del Uruguay
Algo
que aunque estaba oculto, no tengo dudas que ejercía ese magnetismo,
esa magia que me tenía, y me tiene atrapado, y que me obliga a volver
año a año.
Siempre en mis visitas me encuentro con alguna sorpresa, de las buenas y de
las malas. La de este año fue impactante....
La Liga de Fomento había colocado unos carteles, muy bonitos, con los
nombres de las calles.
El
faro del Cabo Santa María. A partir de su fundación en 1874, y
a su alrededor, comenzó a crecer La Paloma.
De
esta manera descubrí que el hermoso caballo negro, que pastaba tranquilamente
todas las mañanas, no lo hacía en un simple campo, sino que
lo hacía en la esquina de Canopus y Andrómeda. Siguiendo por
Canopus, al llegar a Sirio, me encontré un día con un ave exuberante
que estaba de visita en un jardín. Les informo a los lectores, por
si alguno necesita sus servicios en alguna ocasión, que la gomería
"El Goma" esta en Antares casi Canopus, ¡pavada de cruce estelar!
En Avda. del Navío esquina Leo, una hermosa casa lleva por nombre Betelgeuse.
En frente, y para no ser menos, otra casa luce su nombre con orgullo: Rigel.
Transitando por la Avda. Sagitario, un día llegué al cruce con
Alfa, como un rayo surgió la pregunta: ¿cuál será
la estrella alfa de la constelación de Sagitario? Por supuesto, la
respuesta la busqué esa misma noche en el cielo de La Paloma, carta
estelar en mano.
A pesar que una calle es simplemente una calle, confieso que me encantó
saber que estaba caminando por la Avda. del Sol, o las Tres Marías.
Hasta el almuerzo tuvo un gustito especial, ahora sé que el "Hawai",
donde ya se han vuelto para mí y para Sandra, tradicionales sus "fritatas
del mar", esta ubicado nada menos que en Mercurio entre Urano y
Neptuno, ¡ y yo ignorante de semejante dato durante tantos años!.
En una palabra, para mí no era solo nomenclatura ciudadana, eran las
estrellas, los planetas, las galaxias y las constelaciones que tanto me apasionan.
Ahora, siento que conozco la ciudad como la palma de mi mano.
La Astronomía siempre estuvo presente en mis noches de La Paloma, a
partir de ahora, también esta en el cruce de cada esquina.
